Alguien contó cómo, en otros tiempos, había tenido una cocinera que preparaba el más exquisito de los potajes que hubiera antes probado. Un día quiso ella saber como lo hacía.
“¿ Cómo demonios lo haces querida?. Tienes que darme la receta.”
La cocinera, cuyo rostro se iluminó de satisfacción dijo:
“ Bueno señora, le contaré un secreto: las judías, la cebolla, la cebada y los berros no tiene nada de especial, el potaje sólo me sale bien cuando me meto a mí misma en él”.
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