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- Publicado en Miércoles, 25 Junio 2008 10:31
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DECALOGO PARA APRENDER A COMER
- Come preferentemente comida: caliente, de cuchara y en casa.
- Usa un buen aceite: de oliva virgen-extra, para todo y reduce los fritos.
- Utiliza sal marina sin refinar, sólo preveniente de salinas y sólo al cocinar, nunca en crudo.
- Prueba a sustituir las papas por cereales integrales (aportan mucho mejor combustible energético): arroz integral, pasta integral, piñas de millo, pan integral y gofio.
- Come más legumbres: judías, garbanzos, lentejas, arbejas, chicharos, soja. Reduce la carne y come más pescado.
- Es imprescindible comer cada día verduras, frescas y de la época. La fruta mejor comerla entre horas y de la estación y del país.
- En invierno mejor empezar la comida por un sopa o potaje, caliente el estómago y favorecen la digestión.
- La bollería, los dulces, los helados, los refrescos y el chocolate sólo son para ocasiones especiales.
- Come más alimentos frescos, integrales y sin manipular y menos latas, conservas y congelados.
- Come con agradecimiento, busca siempre el mejor combustible, la mejor energía, la mejor calidad y los alimentos más sanos y sabrosos para ti, la persona más importante de tu vida.
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- Publicado en Jueves, 25 Septiembre 2008 17:16
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ALIMENTACIÓN PARA LA PRIMAVERA
Después de la época fría, de recogimiento y de interiorización del Invierno, aparece el primer temblor que crea la época de expansión que es la Primavera.
Un tiempo de florecimiento, de germinación, de creatividad, de flexibilidad, es el tiempo donde se restaura la vida, todo lo que está bajo la superficie quiere salir para florecer, y de la misma forma, nosotros florecemos como la Naturaleza. La calidad del florecimiento, no obstante, va a depender de la carga que traemos de la época fría. Si hay mucha sobrecaga orgánica, esto es, hemos abusado de alimentos concentrados: carnes, fritos, salsas, embutios, quesos y grasas saturadas, entonces con mucha probabilidad tenderemos a crear alergias, sobrecargas hepáticas, (problemas de la vista, contracturas musculares, problemas circulatorios, tensiones cervicales, dolores de cabeza, porblemas de piel, astenia primaveral o algún tipo de alergias), lo cual nos indica que nuestra capacidad de eliminación es menor que la de acumulación, hemos, pues, acumulado residuos y se crea una tendencia a la congestión, la cual potencia el mal humor, la inflexibilidad, la impaciencia, la rabia y la tensión interna.
La Primavera es, por tanto, una época ideal para depurarnos, para desintoxicarnos, para drenar el hígado y la vesicula biliar, para dejar espacio interno para la oxigenación, la creatividad, la fluidez y la luz.
Es un tiempo donde conviene comer menos, incluso practicar pequeños ayunos, necesitamos limpiar el cuerpo de las grasas y los alimentos pesados del invierno.
Desequilibra nuestro hígado el consumo excesivo de carnes, grasas animales y sal, el abuso de fritos y aceites refinados, el exceso de horneados, plancha, fármacos y aditivos alimentarios, el alcohol, los lácteos altos en grasa y las margarinas, y en general, comer en exceso, pero en la actualidad especialmente la bollería industrial.
Por contra, pondremos énfasis en alimentos ligeros y expansivos: verduras, especialmente de hoja verde, brotes jovenes con toda la clorofila de lo verde (cebollinos, puerros, apio, cebollas tiernas, hojas de rabanito, acelgas, espinacas, perejil, cilantro, hierbabuena, menta), germinados, verduras neutralizadoras de las grasas (rabanito, nabo, apionabo, daikon). Reduciremos la proteína animal que favorece la rigidez y aumentaremos el consumo de legumbres (guisantes, habas, soja verde) y pescado blanco. Incluiremos cereales más ligeros como la cebada, avena, centeno, espelta, kamut, y según la condición cuscus integral y bulgur. Cocinaremos de forma más ligera (escaldados, vapor, ensaladas hervidas o crudas y picles). Introduciremos más hierbas aromáticas (orégano, estragón, tomillo, romero, albahaca,etc.). Aumentaremos el consumo de sabor ácido de calidad (chucrut-col fermentada-, picles de verduras, limón, vinagre de umeboshi). Podríamos comer algunos días sin sal y sin aceite y celebrar nuestra vitalidad con alguna cerveza biológica. Si sentimos el hígado congestionado convendría relajarlo con: caldos de verduras dulces, pepino cocido con vinagre , manzanas al vapor, setas shitake o zumo de manzana con kuzu.
Se trata pues de desintoxicar lo suficiente para recuperar la flexibilidad y la vitalidad de los tallos jovenes, se trata de renacer de nuevo, de sacar nuestra parte más creativa y fértil, de recuperar nuestra belleza interna, de abrirnos al exterior, de enamorarnos de la vida.
El reto de la primavera es, por tanto, germinar y expandirnos meciéndonos al arrullo del aire como las flores, dejando de lado el control interno y mostrando nuestros colores más vivos, flexibles como las plantas y fértiles como los brotes.
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- Publicado en Jueves, 25 Septiembre 2008 17:16
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ALIMENTACIÓN PARA EL INVIERNO
El invierno es el final de todas las estaciones. Es la estación del reposo. El invierno está relacionado con la noche, la oscuridad, la receptividad, la introspección y la lentitud, lo cual puede crear tristeza, inseguridad, miedo y frialdad y, por tanto, instaurar una condición de falta de: confianza, coraje y movimiento.
Las noches son más largas que los días, al estar más cerca de la hibernación, tendemos a instalar el cuartel general.
En la Naturaleza todo está en reposo (las hojas caídas, los árboles desnudos, el clima frío), debido a la disminución del movimiento. Por ello, en estas épocas, se produce una concentración de energía y de materia. La energía de la tierra está durmiendo, en estado flotante, su potencial vegetal es una semilla que espera el calor de la primavera para brotar.
Lo que nos enseña la Naturaleza es conservar el máximo de energía, no es tiempo de malgastar, de extravagancias. En términos de salud necesitamos preservar los recursos y fuentes internas economizando el gasto de energía.
Armonizar con el invierno pues, requiere mantener la actividad al mínimo para guardar flexible la columna y almacenar energía, tiempo de interiorización, de receptividad y de profundización.
De esta forma, lo que necesitamos básicamente en el invierno es nutrición y calor.
Comida que de fuerza y calor, que construya, no es época de limpiar ni de depurar, sino de construir una estructura vital capaz de protegernos para aumentar el calor interno: alimentos calientes, sopas caseras, comida preferentemente de cuchara y de caldero, alimentos íntegros y completos como los granos: cereales completos, semillas y legumbres, especialmente las judías oscuras y pequeñas, alimentos más secos, algas marinas, cocciones más largas y menos agua en la cocción.
En contrapartida, desequilibra la estructura vital el café, el tabaco, el exceso de sal así como cocinar sin nada de sal, el azúcar y las frutas tropicales altas en glucosa, los alimentos altamente procesados (cargados de residuos), cocinar demasiado oscuro (barbacoa, ahumado, brasa), el uso del microondas, toda la comida fría (bebidas y sólidos) y el exceso de líquidos y bebidas diuréticas.
El trigo sarraceno aporta calor y fortalece los riñones, dependiendo de la condición; las azukis (judías rojas) son particularmente beneficiosas para los riñones, así como algunas verduras de hoja: col, hojas verdes, coliflor, brécol, berros y ortigas. Ayudará añadir algún alga marina en las cocciones, el alga kombu aporta minerales y fortalece los riñones. Las comidas conviene que sean calientes y fortalecedoras, donde las sopas, caldos, potajes o consomés son imprescindibles.
La fortaleza de los cabellos, la solidez de los huesos, la flexibilidad de las articulaciones, la ausencia de enfriamientos, la vitalidad y la desaparición del cansancio, la mejoría de los oídos y el vigor sexual pueden lograrse cuando actuamos conforme a la naturaleza aplicando estas claves sencillas y de sentido común en el invierno.
Finalmente conviene no abusar del producto animal: carnes, fritos, mariscos, huevos, embutidos o quesos duros en el invierno, para así reducir en la primavera, sobrecargas orgánicas como alergias, problemas de piel o problemas circulatorios y de esa forma, poder florecer como las plantas con la llegada de los primeros rayos de sol.
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ALIMENTACIÓN PARA EL OTOÑO
Cuando la energía de la naturaleza llega a su máximo grado de expansión (verano), al sentir todo ser vivo la necesidad de confluir con la energía circundante, se activa el anhelo de distensión, relajación, descanso y cierta dispersión; para ello, el organismo, muy entrenado a tender a crear equilibrio interno, nos reclama un tiempo de descanso, de más actividades al aire libre y de distensión, y ello crea la necesidad de comer menos cantidad de alimento, comida más vegetal (frutas y verduras), más ligera (ensaladas, batidos, zumos, crudos), más acuosa y el deseo de refrescar el organismo.
Tras un breve estado de quietud (al finalizar el verano), aparece la necesidad de organizar, concentrar y crear cohesión interna. La interiorización (fuerza, firmeza, precisión) predomina sobre la exteriorización (agitación, dispersión, distensión), es el Otoño, donde la naturaleza inicia su recogimiento.
El otoño es época de descomposición y limpieza (los árboles eliminan las hojas que se descomponen en el suelo y los animales cambian el pelo y se preparan para la época fría). Es pues el momento de eliminar lo innecesario, guardar solo lo que es preciso para el invierno, es una época de evolución a través de la reducción y de la simpleza.
La mejor comida para el otoño es pues comida simple (que no cree acumulaciones, alta en granos y baja en grasas animales y alimentos industrializados), sencilla (sin mucha mezcla; un cereal completo con alguna legumbre o proteína animal simple y abundante verdura) y limpia (lo menos manipulada y tratada posible para poder dar opción a nuestro organismo a limpiar y crear equilibrio).
El otoño es época de hacer balance de nuestra existencia y de aprender de las lecciones de la vida, es el momento de dar prioridad a lo esencial; la adecuada disciplina interna y ejercicio crea fuerza y estructura y, en consecuencia, más resistencia a la enfermedad.
En el otoño se produce el encuentro entre la luz y la oscuridad, nos preparamos para mirar de frente la parte más oscura de nosotros mismos. Si estamos bien con nosotros mismos (con nuestra sombra) es época de crecimiento, si por el contrario ha habido tendencia hacia la evasión y la dispersión puede aparecer el desánimo, la depresión, una especie de “muerte interna”. En términos de salud física, si durante el verano hemos abusado de alimentos fríos (helados, refrescos, bebidas frías, etc.), el exceso de frío en nuestro organismo va a necesitar salir fuera y cuando la energía empiece a contraerse en otoño aparecerán más catarros, gripes, etc., como una necesidad del organismo de eliminar los excesos y crear equilibrio interno.
El otoño está relacionado con el elemento Metal. El Metal de la impresión de frío y dureza, sin embargo se relaciona con los minerales de la tierra que proveen sustrato y riqueza al suelo, de esta forma, el Metal está asociado a sustancia, pureza y estructura, y al igual que las piedras preciosas (gemas), el Metal es claridad mental y luz interna; lo que más obstruye la claridad mental y favorece la confusión es la mucosidad.
La secreción de mucosidad afecta principalmente a los órganos que están más activos en esta época: el pulmón y al intestino grueso. Los alimentos favorecedores de mucosidad son: los lácteos (leche, queso, yogur, mantequilla, nata y derivados), las harinas, los dulces, la bollería, los alimentos fríos y el exceso de líquidos. La flema tiende a crear acumulaciones (fibroadenomas, miomas, sebos grasa, etc.), obstruye la respiración, crea congestión y dificulta la lucidez mental, hace que los pensamientos sean más torpes y confusos.
Para armonizar con el otoño y apoyar el buen estado de los pulmones, el intestino grueso y la piel es esencial hacer una comida más seca (con menos líquidos), salada (básicamente cocinada), calentadora (evitando alimentos que enfríen) y limpia (baja en residuos) con una ligera incorporación de picantes suaves (jengibre, rabanito o mostaza).
Las verduras de raíz (zanahoria, rábano, nabo) vigorizan el intestino grueso, el kuzu- planta de raíz profunda - fortalece el intestino y el sistema linfático, mientras la raíz de lotus favorece la limpieza de los pulmones.
El cereal más adecuado es el arroz integral, la legumbre, la lenteja y el alga de mar, el alga iziki, las cocciones serán más largas y concentradas con presencia de horno y presión y el sabor que ayuda a evitar las acumulaciones va a ser el ligeramente picante.
Con una alimentación apropiada para el Otoño podemos lograr más practicidad, solidez, disciplina interna y limpieza que provea ideas inspiradoras y crecimiento de la conciencia interna, que nos permita saber lo que nos viene bien y experimentar la delicia que supone estar bien con uno/a mismo/a.
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ALIMENTACIÓN PARA EL VERANO
El verano es la estación del crecimiento y la maduración, se relaciona con el calor y con la luz solar, de tal forma que, a más cantidad de calor, más rápido es el crecimiento y la maduración.
Es por esto que, en las zonas del planeta donde más calor hace, el crecimiento humano es más rápido, las mujeres aceleran su primer ciclo menstrual y su maduración hormonal y los frutos maduran antes en los árboles.
El verano comienza el 21 de Junio con el solsticio de verano, el día más largo del año, y justo en el inicio de la estación comienza el inicio del ciclo de crecimiento de la oscuridad, que alcanza su punto máximo seis meses más tarde, el 21 de Diciembre con la entrada del invierno.
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CONSTIPADOS NASALES
La nariz está relacionada con el olfato, por ella respiramos y olemos, esto es, nos conectamos con el mundo externo. De hecho, vivimos porque comemos y respiramos, dos actos imprescindibles.
Por la boca, asimilamos las energías más materiales, a través del alimento, que es más físico. Pero por la nariz, asimilamos energías más sutiles. Digamos que nuestro posicionamiento con el mundo exterior modulará cómo respiramos, cómo dejamos entrar el aire, las vivencias, el cielo.
La respiración es un acto de intercambio, tanto interno como externo. La inspiración y la respiración crean un ritmo, son los dos polos, que se compensan y crean un todo. La forma en que respiramos refleja nuestro ritmo vital, pues todos necesitamos contraernos (inspiración) y expandernos (relajación). Así que, necesitamos respirar para vivir, es el cordón umbilical por el que vivimos y estamos en contacto con el entorno.
De esta forma, la respiración impide que el ser humano se cierre, se aisle, se haga impenetrable, y facilita que se conecte con el exterior. Por mucho que uno quiera aislarse del mundo, la respiración nos conecta y nos obliga a mantener la unión con todo lo que no soy yo, con lo externo, con lo ajeno.
Por tanto, los problemas respiratorios tienen que ver con las relaciones y el contacto.
Los problemas de la nariz (mocos, aguilla, dificultad para respirar, taponamiento, sequedad, pérdida de olfato, sinusitis, rinitis, etc.) indican una dificultad o miedo a dejar entrar en nosotros, lo externo, algo de fuera, el/lo otro, las dimensiones sutiles de la vida. Además como está por medio el olfato, también está la dificultad con conectar con lo íntimo (en el mundo animal el olfato es primordial en las relaciones y en el contacto íntimo y sexual).
El exceso de excreción nasal, el taponamiento, la sinusitis o los problemas de olfato muestran nuestra dificultad en aceptar los mensajes o la información que nos llega, especialmente la información más íntima. Se han instaurado problemas en relación con la aceptación de lo externo.
Puede incluso que tengamos dificultad para oler o que algo huela mal, lo cual se agudiza cuando algo huele mal en nuestra vida, cuando no nos abrimos a oler lo externo, cuando el rencor, el resentimiento, la amargura o la dificultad para encajar lo que nos pasa, o para aceptar las nuevas vivencias, se ha instaurado.
Por eso, en determinados momentos podemos decir “estoy hasta las narices”, esto es, algo del exterior me está afectando hasta tal punto que puede que tenga problemas con mis narices.
Adicionalmente, si me encuentro con una situación problemática en el exterior y necesito solucionarla, me puedo plantear “echarle narices a la situación” como vía para enfrentar y solucionar mi conflicto con el entorno.
Cuando de manera permanente o gradual nos encontramos con cualquiera de los problemas respiratorios de nariz, puede ocurrir que algunas vivencias que experimentamos no logramos asimilarlas y, el síntoma acaecido, es el resultado de la lucha interna entre la tendencia a aceptar o rechazar tales vivencias.
De esta forma, tener mocos o flema, en vez de ser un problema, es el resultado de la lucha del organismo por eliminar excesos acumulados hasta lograr limpiar el sistema respiratorio. Por eso hay un refrán que dice “mocos es salud”. La patología será tener acumulación de mucosidad y no poderla eliminar. Es por esto que, cada cierto tiempo, especialmente en este entorno de estrés y alta presencia de contaminantes, sea bueno tener cuadros de eliminación, de la misma forma que una diarrea ayuda a eliminar alimentos inadecuados, la expulsión de mucosidad es un proceso de limpieza y ajuste interno.
De manera práctica, es necesario que entendamos que:
1º. Los síntomas, que probablemente cada vez se vuelven más presentes, son el aviso del cuerpo de que algo tenemos que resolver, así que , el acercamiento sanador no tiene tanto que ver con paliar el síntoma sino con superar el problema en su origen, esto es, reconducir nuestro contacto con el mundo externo y especialmente con lo íntimo, y
2º. Los problemas respiratorias al conectarnos con el mundo sutil, nos indica que el acercamiento que abordemos tiene más que ver con lo sutil, con lo que no es aparente, con lo esencial, con cómo nos relacionamos con nuestras percepciones, con nuestra intuiciones, y especialmente, con aprender a dejar entrar significados y vivencias más profundas y energéticas. De esta forma, se impone una actitud que, tratando de ir a lo profundo y esencial de la situación, permita entrar nuevos aires en nuestra existencia.
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SUPERAR EL MIEDO Y LA ANSIEDAD EN TIEMPOS DE CRISIS
El miedo tiene relación con los riñones.
Los riñones son los encargados de nutrir, crear y sostener la estructura vital en cuanto que nutren los huesos, las articulaciones y los tendones. Por tanto, para poder enfrentar y atender lo que nos llega del exterior necesitamos un mínimo de fortaleza y estructura y esta cualidad depende de la condición de los riñones.
Los riñones necesitan sales minerales, las sales minerales sostienen y coadyugan a muchos procesos orgánicos, especialmente la remineralización del organismo y la vitalidad mental.
La comida refinada (cereales refinados y fragmentados), el azúcar industrial y los cultivos intensivos desmineralizan.
Por tanto, debilitan los riñones:
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La comida fría (helados, refrescos, alcohol, exceso de líquidos y el picoteo, incluido bocadillos)
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El azúcar industrial y derivados
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Las grasas saturadas (lácteos industriales, carnes industriales y bollería)
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El exceso de solanáceas (tomate, papa, pimiento, berenjena y tabaco)
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Los ruidos
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Los ambientes oscuros, cargados y ruidosos.
Mientras tanto, fortalecen los riñones:
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La comida caliente y de cuchara
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Las legumbres, especialmente las judías y las azukis (variedad de judía roja)
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Las algas marinas
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La sal sin refinar usada al cocinar
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Los alimentos biológicos, especialmente frutas y verduras
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El trigo sarraceno y el arroz integral.
La ansiedad tiene relación con el sistema nervioso, el corazón y la asimilación de alimentos y vivencias, y, por supuesto con la vida moderna y el estrés.
Lo que más debilita el sistema nervioso son los cereales refinados y el azúcar industrial. Las neuronas necesitan vitaminas, especialmente del grupo B, minerales y grasas de calidad.
Favorecen la ansiedad:
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Los cereales refinados
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El azúcar industrial
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Los estimulantes (café. alcohol, tabaco)
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Las grasas animales
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Las comidas copiosas
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Los picantes y las salsas industriales.
Mejora la ansiedad
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Los cereales integrales, especialmente el mijo y el millo
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Las semillas, especialmente el sésamo
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Las verduras, especialmente las de hoja verde
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Las grasas de calidad: aceites vegetales de primera presión en frío (girasol, sésamo, maíz), las semillas y frutos secos biológicos.
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Comer despacio masticando bien
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Crear regularidad con la comida
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Comer relajado y en ambientes tranquilos.
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